Por: Paula Chona
Lo que comienza como aprendizaje en el campo ya se está convirtiendo en una oportunidad de producción y comercialización para jóvenes de los Hogares Juveniles Campesinos de Norte de Santander. A través de la ‘Canasta Campesina Feliz’, los estudiantes están dando un paso más en su formación: producir, organizar y llevar sus productos directamente al consumidor.
La más reciente jornada se realizó en el parqueadero Los Naranjos de la Gobernación de Norte de Santander, donde funcionarios, contratistas y visitantes pudieron adquirir una canasta con productos como huevos, carne de res, yuca, plátano, café, queso, pollo, limones, naranjas y miel de abejas, entre otros.
La canasta tuvo un valor de $140.000 y también se ofrecieron los productos de manera individual, de acuerdo con las necesidades de los compradores. Pero detrás de cada producto hay un proceso de formación que busca que los jóvenes conozcan y participen en las distintas etapas de la actividad agropecuaria, desde el cultivo y cuidado hasta la comercialización.
La ‘Canasta Campesina Feliz’ es una iniciativa pedagógica y socioeconómica de sostenibilidad apoyada desde el despacho de la gestora social, Cecilia Soler, y desarrollada con la participación del Hogar Juvenil Campesino del corregimiento Villa Sucre, en Arboledas.
Para Soler, estas experiencias representan una oportunidad para que los adolescentes del campo encuentren alternativas para construir su futuro y permanezcan vinculados a sus territorios.
“En estos hogares estamos salvando a nuestros niños de la guerra, previniendo la explotación laboral y brindándoles la oportunidad de continuar sus estudios para que puedan cumplir sus sueños”, señaló la gestora social.
Actualmente, Norte de Santander cuenta con 30 Hogares Juveniles Campesinos en 25 municipios, una estrategia que beneficia a más de 1.600 estudiantes provenientes de veredas y corregimientos alejados de los cascos urbanos.
De lunes a viernes, los jóvenes cuentan en estos hogares con alojamiento y alimentación para facilitar su permanencia en el sistema educativo. Al mismo tiempo, participan en actividades relacionadas con el campo, fortalecen sus capacidades productivas y reciben acompañamiento psicosocial.
Así, la formación no se queda únicamente en el aprendizaje de técnicas agrícolas. La apuesta es que los estudiantes puedan convertir lo que aprenden en productos, los productos en ingresos y esos ingresos en oportunidades para construir su proyecto de vida.
La jornada contó con el acompañamiento de UNICEF en aspectos logísticos y pedagógicos, entre ellos la elaboración de las bolsas utilizadas para entregar los productos.
Con iniciativas como la ‘Canasta Campesina Feliz’, los jóvenes de los Hogares Campesinos comienzan a asumir un papel activo dentro de la cadena productiva: aprenden, producen y ahora también comercializan, demostrando que permanecer en el campo puede ser una oportunidad para crecer y construir un futuro con nuevas alternativas.
